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  • ¿Qué es la terapia breve estratégica?

    Volvemos del huerto del abuelo con una caja de tomates, se va acercando el mediodía y vamos silbando cualquier cosa al aire, en la plaza Silvio juega al frontón. No sabemos por qué empezó a jugar, ni a qué hora, pero lo cierto es que se le ve agotado. Sin embargo, sigue golpeando la pelota una y otra vez, corriendo jadeante por la pista, atrapado en la dinámica, deseando parar.

    Desde fuera, la solución para Silvio nos parece obvia: que deje de devolver la bola. Pero en el mundo de los problemas humanos, ese gesto tan simple suele ser mucho menos evidente, y es fácil enredarse en trampas que nosotros mismos mantenemos al intentar resolverlas.

    La Terapia Breve Estratégica (TBE) es un modelo psicoterapéutico centrado en resolver problemas de manera eficaz y en un tiempo reducido —habitualmente menos de 20 sesiones—. Su objetivo es, por un lado, interrumpir los síntomas o conductas disfuncionales que llevan a la persona a consulta y, por otro, promover cambios en la forma en que construye su realidad. La clave de este enfoque reside en aprovechar los propios recursos del paciente para que logre transformar sus dificultades y alcanzar una vida más satisfactoria.

    Así como acotación histórica, el  enfoque fue desarrollado en los años setenta en el Mental Research Institute de Palo Alto, a partir del trabajo de Paul Watzlawick, John Weakland y Richard Fisch, entre otros. Más adelante, fue ampliado y sistematizado por Giorgio Nardone en el Centro di Terapia Strategica de Arezzo.

    La premisa central de este enfoque es que los problemas humanos no persisten tanto por su causa inicial, sino por las soluciones intentadas ineficaces que las personas repiten una y otra vez. En otras palabras: no siempre existe una relación directa entre cómo surge un problema y cómo puede resolverse; lo que sí suele haber es una circularidad entre la manera en que el problema se mantiene y las acciones —o inacciones— de las personas afectadas, que al intentar solucionarlo termina reforzándolo. Vamos, que ahora mismo a Silvio le interesa más parar que saber por qué comenzó.

    Y es que para salir de un hoyo, lo primero es dejar de cavar. La TBE busca justamente eso: interrumpir los patrones repetitivos y abrir espacio a una experiencia correctiva, capaz de desbloquear la rigidez del sistema y permitir nuevas posibilidades de acción.

    En la plaza, Silvio ahí sigue, sudando la gota gorda. Mala suerte que hoy tuvo un buen día: no falla ni una. Ya llevamos un rato observando el espectáculo desde la sombra del nogal cuando una brisa con olor a sofrito nos inquieta el estómago. Sonríes, de la caja eliges un tomate y lo lanzas con la puntería que ese mismo frontón te dio. La fruta cruza el aire, brillando al sol del mediodía, y se estrella contra la espalda empapada de sudor. Silvio pega un grito, se gira desconcertado y te clava la mirada. La campana de la iglesia quiebra el momento, la pelota rueda apenas hasta detenerse frente a mis pies.

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